CEN INFORMA
22.02.2012

“Con la reforma, hemos de tener una nueva estrategia de relaciones laborales y negociarla en los convenios”

Víctor Fernández, socio director del Gabinete de Relaciones Laborales Concilia
“La reforma laboral no va a crear empleo, ya que el empleo lo crea la actividad económica. Aun así se tienen que sentar las bases para no seguir destruyendo empleo y que, cuando llegue la recuperación económica, las empresas dispongan las herramientas para adaptarse a su situación”. Para ello, el marco normativo laboral no debe crear el empleo, sino que debe poner las menores trabas posibles. Así lo puso de manifiesto el socio director del Gabinete de Relaciones Laborales Concilia, Víctor Fernández (para consultar el material audiovisual de este artículo, pulse aquí).

El experto participó en la jornada “Crisis, Productividad y Relaciones Laborales”, que organizó la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN), el pasado jueves, 16 de febrero, y en el que también participó el socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI), José Antonio Herce.

 

Según Fernández, la reforma laboral aprobada por el Gobierno hace dos semanas va por el buen camino, ya que incide en aspectos como las herramientas de flexibilidad interna, el descuelgue de los convenios o el fomento de la negociación en el ámbito empresarial. Sin embargo, “veremos si la reforma frena la destrucción de empleo”, ya que también es cierto que, “en nuestro país, existe una cultura de la flexibilidad externa”. Es decir, recurrir a ajustar el mercado laboral desde la entrada (contratación) y, sobre todo, la salida (despidos).

 

Por esto, el conferenciante aseguró que la reforma laboral exigirá una “nueva cultura de la negociación a nivel de empresa”, tal y como él definió, una estrategia. Según lamentó Fernández, hasta ahora, “la negociación colectiva ha sido vista como un problema coyuntural por gran parte del empresariado”, visto desde una posición “defensiva”, limitada al establecimiento del salario en relación con el IPC y la jornada y, todo ello, “con el menor coste posible”.

 

Para ello, las empresas habrán de saber qué entienden ellos por productividad y saber cómo medirla. Por ejemplo, en materia de absentismo para la extinción del contrato de una persona que comete fraude, antes debía relacionarse la ausencia de éste con el índice de absentismo total en la empresa. Sin embargo, con la nueva norma se tendrá en cuenta el absentismo individual. Sin embargo, “son pocas las empresas que miden este índice a nivel individual”, reconoció Fernández.

 

Por lo tanto, “no podemos ver la negociación colectiva como un cuartel de bomberos y esperar a que vengan de fuera a apagarnos el fuego cuando el incendio va a más”, sino que debemos marcar nuestra propia “estrategia de productividad”, sin que nos lo arreglen de fuera, por ejemplo, en el convenio de ámbito provincial (el 66% de las empresas están acogidos a este nivel, según datos de 2010). En cambio, la reforma laboral “nos abre posibilidades” y otorga herramientas de flexibilidad al empresario, que deberá marcar su estrategia y “saber plantearla y negociarla” con los representantes de los trabajadores.

 

Fernández reconoció, sin embargo, que el convenio de empresa también ha supuesto ser más costosa en términos salariales, ya que tomaba como referencia el convenio de ámbito superior como una base de mínimos. Sin embargo, la reforma cambiará esta tendencia ya que dará superioridad a los que dicte el convenio de empresa, e incluso contempla el descuelgue del convenio.

 

Factores de la baja productividad española

 

Fernández también se refirió a la baja productividad de España, en relación con sus homólogos europeos, y apuntó a varios factores que la explican. Por ejemplo, la especialización productiva en sectores de baja intensidad: el peso de la construcción y actividades inmobiliarias se incrementó en 4,6 puntos entre 1994 y 2007, mientras que la productividad de los ocupados en dicho sector se redujo en un 63,5%.

 

Además, en el plano laboral, nuestro país también cuenta con una elevada dualidad entre trabajadores fijos y temporales, lo que conlleva una elevada rotación y reducida formación de los temporales. “No acabo de encontrar la respuesta a la pregunta de por qué tenemos el triple de temporalidad de cualquier país europeo”, reconoció Fernández, ya que ésta no sólo se debe a nuestros periodos estacionales marcados por el turismo, sino que, tal y como lamentó, “recurrimos a la temporalidad como vía de entrada al mercado laboral”, sin contemplar herramientas ya existentes como los contratos indefinidos con seis meses de periodo de prueba.

 

Otro factor del mercado laboral que influye en nuestra baja productividad, según el experto, es el de nuestros mayores costes laborales, de los que el 73% se corresponde con el pago de salarios. La siguiente partida por importancia es la correspondiente a las cotizaciones sociales, que suponen en torno a un 22% del total de costes que debe soportar el empresario por trabajador. Mientras, los componentes restantes del coste son de menor importancia, pues en conjunto no llegan al 5%.

 

“En particular, cabe destacar que los costes por despido, que son frecuentemente señalados como uno de los grandes males del funcionamiento del mercado de trabajo, suponen tan sólo el 1,4%”. Por lo tanto, aunque sea una herramienta de “tranquilidad” para gestionar la entrada y salida del mercado laboral, “la discusión acerca del coste del despido no lo es todo”, señaló Fernández. Éste también explicó que “los costes laborales han mantenido durante toda la crisis un crecimiento superior al de la inflación”, lo que “no implicaría necesariamente una pérdida de competitividad, si viniera acompañado de un incremento de la productividad”.

 

Uno de los factores que, según Fernández, favorecen la competitividad son la fijación de complementos variables, dependientes de la productividad de la propia empresa, y que será “más posible negociarlos en los convenios de empresa” (el 32% de estos convenios los contemplan, frente al 11% de los convenios de ámbito superior), pero que “todavía hoy es una práctica minoritaria en la negociación colectiva española”.

 

Fernández también se refirió al hecho de que, aunque en España se trabajen más horas, se tiene menos productividad. Precisamente, porque ésta no se vincula tanto a los resultados, sino al elemento “presencial” de “trabajar más horas que el jefe”. Al aumentar las horas de trabajo (más allá de determinada cantidad), paradójicamente, “tiende a reducirse la productividad por hora”, señaló el socio director de Concilia.

 

Diferencias de productividad según el tejido empresarial

 

Por su parte, José Antonio Herce, explicó que “la productividad depende de muchos elementos, que muchos no controlamos”. Por ejemplo, ahora mismo la productividad de España está creciendo más que nunca, pero “por la mala causa”. Es decir, porque “el empleo está cayendo de manera estrepitosa y, como la producción final no cae tanto, el índice de productividad aumenta”.

 

En cambio, según Herce, la productividad tiene que venir por otros factores: trabajadores mejor formados, proyectos empresariales estimulantes, jueces que resuelven con agilidad los trámites, una normativa laboral que no marque rigideces, etc. Aunque, sobre todo, según el socio de AFI, “pequeñas diferencias en el tejido empresarial son las que crean las grandes diferencias en productividad”.

 

Por ejemplo, éste desglosó la productividad de las distintas comunidades autónomas. Concretamente, mostró la diferencia entre el PIB por cada trabajador ocupado del País Vasco, en torno a los 63.000 euros en 2010, frente a los 42.000 de Extremadura. Sin embargo, “no existen grandes diferencias en su tejido empresarial”, ya que la mayoría de sus empresas tienen menos de 10 asalariados (el 56,77% en Extremadura y el 53,14% en el País Vasco), pero sí se percibe que “una pequeña diferencia en la distribución de empresas provoca una gran diferencia en el desempeño económico de una región”.

 

Herce explicó que existen dos conceptos de productividad. El primero de ellos es el de la productividad del trabajo. Es decir, lo que aporta cada trabajador, con las respectivas herramientas y máquinas de la empresa con las que cuenta (por lo tanto, a la productividad del trabajador habría que añadirle a la productividad del capital). El otro tipo es “la productividad de los factores”, que contempla la influencia del progreso técnico. Este último tipo sería la productividad resultante al restar lo que aportan “los trabajadores y las máquinas”, y muestra factores más intangibles como la capacidad de conocimiento, el progreso técnico, las innovaciones en procesos y productos, etc.

 

Por ejemplo, esta productividad del trabajo es “la que más ha sustentado el crecimiento económico en Estados Unidos”, y, en consecuencia, “ha hecho que trabajadores y máquinas hayan sido más productivos en ese país”. Otro ejemplo de productividad lo puso Herce respecto al caso alemán, que, hasta hace cinco años, “eran una economía torpe”, y que le costó “digerir su reunificación”.

 

Sin embargo, “Alemania ha tenido una capacidad increíblemente ágil para transformar sus normas laborales y mantener el empleo y hacer que éste disminuyera incluso a lo largo de la crisis económica”. Según Herce, “han podido adaptarse a su entorno y crecer a base del progreso tecnológico”. Por el contrario, “España ha crecido metiendo brazos y máquinas en el proceso productivo, pero sin sacarles jugo”.

 

En este sentido, Herce también explicó cómo Irlanda está fuera de riesgo, a pesar de que también fue atacada por los mercados de deuda, ya que “tiene una base exportadora fenomenal, sobre todo, de conocimiento”. Un nicho que, también advirtió, en cambio, “no tiene Grecia”, que “sólo puede competir con productos muy básicos”, como los que tienen los países emergentes.

 

Empleo y PIB

 

Herce también señaló que, a no ser que la economía no crezca por encima del 1,3%, el empleo no crecerá, y, a no ser que crezca en el entorno del 3%, el paro no bajará. Sin embargo, los analistas vaticinan que nuestro PIB podría incluso caer el 1,5% este año. Por supuesto, la productividad depende asimismo de los índices de empleo y PIB.

 

En este contexto de crisis, aparece el dilema entre “eficiencia y equidad”, explicó Herce. Dicho de otro modo, “decidir si queremos sociedades eficientes o equitativas”. En este debate, “los halcones consideran que ha de buscarse sólo la eficiencia y lo demás vendrá por añadidura”.  A estos, “no les falta razón”, añadió el socio de AFI.

En el otro extremo, “las palomas buscan sociedades más amables y solidarias” y consideran que “todos debemos ser iguales”, aunque, advirtió Herce, sin un sistema de incentivos “no habría nada que repartir”. Con todo, el experto consideró que “la mejor manera de hacer las cosas es la vía de en medio”.

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