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20/06/2018 12:48
La transformación digital
Las tecnologías digitales son tecnologías de propósito general que han tenido un gran desarrollo y cuya evolución es imparable, irreversible, nos afecta a todos y puede alterar nuestro estatus quo. Estos son síntomas revolucionarios, por eso se considera que estamos ante una nueva revolución: la Revolución Digital.
Las nuevas tecnologías digitales constituyen actualmente el principal motor de transformación social y económica, siendo la mayor fuente de competitividad e impactando a todos: las administraciones públicas, las empresas y los ciudadanos. El uso y aplicación de estas tecnologías es absolutamente imprescindible, pero no es suficiente, pues además es necesario realizar las transformaciones culturales que implica este proceso, ya que es una nueva forma de vivir, de trabajar y de relacionarse.
 
La digitalización efectiva implica fuertes cambio económicos y sociales. Nadie puede ignorar las oportunidades que ofrece ni los retos que representa. Nadie puede sentirse ajeno a este fenómeno. Puede haber puntos de vista diferentes, con enfoques desde otros ángulos que consideren que estamos en una evolución más que en una revolución, pero seguro que se comparten algunos principios básicos:
 
  1. Todo lo que se pueda digitalizar, se digitalizará
  2. Todo lo que se pueda automatizar, se automatizará
  3. Todo lo que se pueda conectar, se conectará
  4. Todo lo que se pueda analizar, se analizará
 
Estos principios nos conducen a una sociedad digital hiperconectada e inteligente: la sociedad de la información
 
La digitalización abre nuevas posibilidades al necesario crecimiento de las compañías y permite la evolución de los modelos de negocio tradicionales, así como la aparición de nuevos modelos alternativos. Además, el desvanecimiento de las barreras de acceso de los proveedores tecnológicos provoca la aparición de un mercado global donde la competencia es mayor, marcando un nuevo escenario en la globalización de las empresas.
 
El grado de la digitalización de la economía y de la sociedad influye en los niveles de bienestar y desarrollo, así como en la productividad, la competitividad y la innovación, teniendo importantes efectos en términos de crecimiento. Resulta fundamental liderar este proceso de cambio, porque, de lo contrario, no seremos competitivos y, por tanto, seremos incapaces de hacer frente a los nuevos retos y sobrevivir en un mundo cada vez más global y competitivo.
 
Haciendo un buen uso de las tecnologías digitales, además de crecimiento económico, se pueden lograr grandes beneficios sociales como: supervisión remota de pacientes crónicos y de personas mayores, contribuyendo a aliviar la presión familiar; transporte inteligente, que disminuirá las congestiones, los accidentes y el coste de la energía; la formación de estudiantes y trabajadores, tanto presencial como on line, etc. En definitiva, la tecnología digital puede contribuir a reducir las desigualdades económicas y sociales.
 
El proceso de transformación digital ayudará a ampliar las posibilidades de crecimiento de las empresas, especialmente de las pymes, y a promover la mejora de la productividad de todos los sectores productivos. Todo ello requiere una apuesta decidida por el incremento en la inversión en I+D+i, una mejor formación de los trabajadores y unas ágiles administraciones públicas, gracias a las nuevas tecnologías.
 
La disponibilidad de una oferta de recursos humanos preparados constituye uno de los factores fundamentales para el crecimiento potencial de cualquier economía y para el incremento de la capacidad competitiva de las empresas. Disminuye el riesgo de desempleo entre los jóvenes y supone una ventaja para acceder a la formación a lo largo de su vida laboral. La competencia por el talento digital será creciente, y más aún en un contexto en el que el mercado laboral está cambiando y cambiará más radicalmente a medida que se vayan implantando nuevas tecnologías, lo que contribuirá a incrementar el desfase entre oferta y demanda, provocando que una gran cantidad de puestos de trabajo se queden sin cubrir. Así, la Comisión Europea estima que en 2020 en Europa puede haber una demanda de perfiles digitales vacantes en torno a 500.000.
 
No se puede seguir formando para un mundo que está dejando de existir. El mundo va a ser digital y la educación debe adecuarse a dicha realidad.
 
Se debe prestar especial atención a la formación continua y permanente dentro de las empresas, que permita a los empleados estar actualizados en las nuevas tecnologías y habilidades, con el fin de que con su desempeño se dé respuesta a las nuevas necesidades. Por ello, la formación no solo ha de discurrir en el ámbito de los conocimientos, sino que se hace más necesaria que nunca la creación de itinerarios formativos que tiendan al desarrollo de habilidades como la creatividad, la inteligencia emocional o el pensamiento crítico. El empleado del futuro debe reunir aquellas competencias que le permitan una mayor adaptación al cambio.
 
Esto constituye un aspecto fundamental para que pueda actuar neutralizando los principales inhibidores para la evolución en el proceso de digitalización, entre los cuales, merece la pena destacar los siguientes:
 
  1. La resistencia al cambio. El cual forma parte de la naturaleza humana y está presente en cualquier tipo de organización.
 
  1. La cultura digital es muy diferente a la tradicional en exigencias de flexibilidad, adaptabilidad y agilidad.
 
  1. Seguridad digital, cuyo desarrollo es vital para lograr la ruptura de la barrera del miedo y garantizar la privacidad de transacciones y datos
 
  1. Talento y capacitación digital. Los cambios van a exigir nuevos perfiles laborales que el mercado de trabajo no está proporcionando por la falta de formación específica
 
  1. Soluciones históricas. Las organizaciones suelen basar sus procesos y sistemas en soluciones históricas que se han ido actualizando a lo largo de muchos años y que a veces son difíciles de adaptar al nuevo entorno digital.
 
  1. La canibalización. Afrontar nuevas oportunidades de negocio puede llevar consigo la auto-canibalización de los propios productos o servicios que siempre es difícil de decidir.
 
  1. La regulación. La evolución de la regulación suele ir detrás de la innovación y de los acontecimientos en el mercado, por lo que puede resultar poco adecuada para estimular los cambios necesarios o, en el peor de los casos, desincentivar o frenar la evolución digital.
 
Cuanta más capacidad de adaptación logremos desarrollar, para hacer frente a todos los cambios que se precipitan sobre nuestra sociedad a un ritmo vertiginoso, muchas más oportunidades tendrán nuestras empresas y, en consecuencia, nuestra comunidad. No solo para no retroceder, sino para continuar creciendo y generando riqueza para todos.
 
Artículo publicado originalmente en el Suplemento "La nueva economía navarra", de Diario de Noticias


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